La que aparte de ser sexo, es amiga...

sábado, 7 de noviembre de 2009

Ese día cuando se levanto, sentía que le faltaba algo. Que le faltaba el aire, las ganas y la vivacidad que los sueños fallidos le habian hecho perder. Miró el techo acurrucada con las manos sobre su estomago y con los ojos llenos de esperanzas escurridizas. Tenía bastante cantidad de calambres, su estomago estaba tan vacío como el desierto del Sahara. Le punzaban tantas ideas en la cabeza y un grito silencioso en su corazón que aullaba y quemaba como el fuego. Respiró ondo para entenderse y poder comenzar con la misma rutina del día anterior y del día que le seguía al día de hoy. Era invierno y el frío le revotaba en los ojos y la hacía llorar. Intentó pensar en que las cosas podrían cambiar de una vez por todas, pero pronto averiguaría que la rutina se habia adueñado de su vida y sus propositos. Se arriesgo a intentar recordar qué le había dicho su madre hace dos dias pero su memoria estaba cada día un poco más desmejorada. Cada vez con menos lucides. Suspiro frustrada por no tener las mismas capacidades que antes, aún sabiendo que era lo entendible y esperable. Tarde o temprano las consecuencias llegarían. Se lamió los labios porque se le secaban cada dos por tres, quería agua, quería ahogar sus penas con agua. Se paró y sintió como el mundo, la luz de su velador, el ventilador se movian aún estado todo quieto, estaba tan mareada que tuvo que agarrarse de su cama otra vez y agachar la cabeza, cerrar los ojos e intentar pensar que pasaría, todo pasa. Cuando se había tranquilizado y el mundo había dejado de girar una y otra vez, se dirigio al baño, se miró al espejo y se recorrió con una mirada y una cara de asco que nunca olvidaría. Era como ver una sobra a la luz de la luna. Como si la siguera y la atara por siempre a algo que nunca quiso y ahora, simplemente es y debe soportar. Le quemaba en la garganta la angustia que se guardaba día tras día, eso que la consumía no podía ser más que un secreto a hurtadillas. Ese día como todos los siete días de la semana se acosto pensando, con la esperanza de que el mañana fuese un poco más consolador y acogedor. Que cambiaría, que algo nuevo llegaría. Esperaba que al menos alguien o algo lograse arrancarle una sonrisa, una sonrisa del corazón. Pero a pesar de que ella soñaba y soñaba con un mañana distinta, sabía que al despertar todo seguiría en su lugar. Que esa sobra que habia creado, ese mounstro sin sentimientos, se quedaría con ella por siempre...

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